La “Scaloneta”, el equipo del cual no esperábamos nada y nos tapó la boca
✍️ Por Maximiliano Bibbo
Argentina volvió a ganar un título de mayores con un técnico en formación y un equipo que recuperó el sentido de pertenencia.
Fueron 10.233 los días que la Selección Argentina de Fútbol tuvo que esperar para volver a gritar campeón en un torneo de mayores. El 4 de julio de 1993, Oscar Ruggieri levantaba el último trofeo para la albiceleste. Desde aquel momento, pasaron 28 años, 6 días y practicamente dos generaciones de jugadores hasta el pasado 10 de julio de 2021, cuando Lionel Messi mostró al mundo la Copa América número 15 para nuestro país.
Casi 30 décadas es mucho tiempo. Sin embargo, para una nación que hace del fútbol una cuestión de Estado es un abismo. Pero, tal vez, los últimos 10 años fueron donde más se sintió el vacío triunfal del equipo nacional.
Una camada de jugadores que explotó en los Mundiales Sub20 de Holanda 2005 y Canadá 2007 fue la encargada de comandar la renovación y tuvo a Messi como estandarte. Pero, el destino se encaprichó en seguir haciendo cada vez más larga la llegada de “una buena”, mientras tantos las pálidas eran una constante: eliminaciones tempranas, sin proyecto firme, cambios de técnicos y tres finales perdidas: dos de Copa América y un Mundial. Aunque parezca mentira, Argentina tardó 24 años en volver a jugar el famoso “séptimo” partido.
El proceso de Alejandro Sabella devolvió la ilusión, pero el gol de Mario Götze ahogó el grito en Brasil 2014. Después de la experiencia de Sudáfrica 2010, la final contra Alemania fue una bocanada de aire fresco. “Pachorra” dejó el cargo y Gerardo Martino fue su sucesor.
El “Tata” era el indicado para llevar a cabo la transición entre los últimos cartuchos de la generación de Messi, Agüero, Higuaín y compañía y los jóvenes del futuro. Pero nada de eso pasó. Las caídas en la Copa América de Chile 2015 y la del Bicentenario en 2016 dieron por finalizado el ciclo del ex Newell’s.
Tras la salida de Martino, el rumbo de la Selección fue tan turbulento como el de Asociación del Fútbol Argentino. Edgardo Bauza tomó el mando, pero el ex defensor mundialista de 1990 duró ocho partidos. En su lugar llegó Jorge Sampaoli, quien se había puesto el traje de verdugo junto a la escuadra transandina en 2015 y venía de un gran rendimiento en el Sevilla.
Sin embargo, la gestión de Sampaoli terminó en escándalo y Rusia 2018 generó más confusión de la que ya había desde la salida del “Tata”. Encima, se produjo la renuncia de jugadores emblemas como Mascherano e Higuaín. Literalmente, la “Albiceleste” era un desconcierto total.
Como es habitual, con una de las selecciones más prestigiosas acéfala, la danza de nombres fue interminable. Dentro de la nómina, Lionel Scaloni no aparecía ni por asomo. En ese momento, el ex mediocampista, que había integrado el Cuerpo Técnico del actual DT del Olympique de Marsella, era el responsable de la Sub20 y asumió de forma interina.
Haciendo sus primeras armas detrás de la línea de cal, Scaloni, para el común de la gente, no daba el perfil para agarrar un “fierro caliente” como es Argentina. A pesar de su pasado como futbolista, era un novato como técnico. Es más, la sucesión de Sampaoli era su primer trabajo en el puesto de forma oficial.
Como se dice en el barrio, no había chances de que el surgido en Newell’s siga al frente del equipo. Además, había nombres de peso dando vuelta como Simeone y Pochettino. Gallardo era una fija por su exitoso momento el River y Ricardo Gareca llegó a demorar su renovación con Perú, a quien devolvió a un Mundial después de 36 años, para ver si llegaba el llamado de la calle Viamonte.
Mientras se buscaban alternativas, Scaloni comenzó con su trabajo y puso en marcha la tan mentada renovación. Con la ausencia de Messi, Lautaro Martínez, Giovani Lo Celso, Germán Pezzella, Rodrigo De Paul y Leandro Paredes se hicieron jugadores habituales del equipo. Además, los resultados eran positivos.
Contra todos los pronósticos, el ex Deportivo La Coruña empezó a ganar adeptos a fuerza de un laburo silencioso. El presidente de la AFA, Chiqui Tapia, le dio la confianza y ya como entrenador principal se rodeó de viejos conocidos como Pablo Aimar, Walter Samuel y Diego Placente, con quienes fue campeón del Mundo juvenil en Malasia 1997. Además, se incorporó Roberto Ayala y César Luis Menotti tomó la batuta como director de selecciones nacionales.
A merced de la crítica despiadada y las operaciones mediáticas, Scaloni metió mano y la “Scaloneta” se comenzó a ver en la Copa América de 2019. El partido con Brasil, a pesar de la eliminación, dejó un buen sabor de boca y la consolidación de una idea. También afloró un sentido de pertenencia que hacía tiempo no se venía.
El proceso siguió su curso y más allá de que el juego no terminaba de convencer, el equipo alcanzó una cualidad que hay que destacar: consiguió jugadores funcionales a su esquema. Con el recuerdo de una generación de grandes individuales, esta formación se inclina más por el concepto de grupo.
Además, el técnico comenzó a demostrar una característica importante: el buen ojo para elegir futbolistas acordes a su planteo. Nicolás González, Emiliano Martínez, Cristian Romero y Nahuel Molina son grandes aciertos del santafesino.
Por otro lado, volvió a convencer a Messi de que podía ser la manija de una camada que necesita de él como punto de partida. Y el 10, eso lo entendió. Para muchos, el rosarino jugó su mejor torneo con Argentina y sus compañeros lo secundaron a saldar una deuda que estaba pendiente: ganar un título con la selección.
Uno que también tuvo su redención de la mano de Scaloni fue Ángel Di María. La resistencia del público a “Fideo” era una constante y se acrecentó cuando hizo público su deseo de volver a vestir la casaca nacional. Pero, el hombre del PSG demostró que todavía tiene algo más para dar y que aún siente la camiseta como el primer día.
Sin embargo, el camino no solo es de rosas, sino que también tiene espinas. El título del pasado sábado fue un desahogo importante y le puso fin a un karma que arrastraba Argentina y principalmente, Messi. La alegría por lo conseguido es especial, pero no es momento de bajar la guardia.
Scaloni tiene la base, ahora debe pulir los detalles. La consistencia es uno de los déficits que mostró en el último torneo continental. El equipo tuvo comienzos de buena factura, pero la merma del rendimiento se hace notoria. Además, la caída en la performance viene aparejada con la entrega de la pelota al rival.
La espuma de la victoria en el Maracaná durará un buen tiempo, pero no es momento de relajarse ni de subirse al carro del triunfalismo. El camino hacia Qatar está en su tramo intermedio y ahora Argentina será mirada con otros ojos.
Lo que si queda claro es que la “Scaloneta” era el equipo del cual no esperábamos nada y nos terminó cerrando la boca.
