Huracán le ganó a San Lorenzo con un nueve que es cosa seria, Jordy Caicedo
Las necesidades se contaban de a montones en Parque Patricios. Por el lado de Huracán, porque aunque hacía seis partidos que no perdía el clásico, sólo ganó uno de esos y las alegrías no le sobran. Por San Lorenzo, porque no lo hacía desde 2022 y festejó en sólo uno de los últimos 15: una barbaridad de racha. Pero si la victoria de alguno era imperiosa, se debía sobre todo a que el clásico de barrio más importante del país se convirtió en los últimos tiempos en un aguantadero de empates: 11 en los últimos 15. Este domingo, entonces, no ganó sólo el Globo.
A más de uno le habrá llamado la atención la tremenda cantidad de aplausos que se llevó el ecuatoriano Jordy Caicedo a la hora de anunciar las formaciones en el Ducó. Hasta fueron más que las del arquero Galíndez. Y se ve que algo sabían los hinchas del Globo sobre quien llegó en este mercado a préstamo luego de jugar en la B de España y venía de marcar un gol en cada una de las tres fechas del Torneo Apertura. Cada vez que el grandote de 1.85 metro se topó con la pelota cerca del área rival, hubo sensación de peligro. Incluso se lo vio muy comprometido con la causa quemera, yendo al piso en numerosas ocasiones y fajándose constantemente con los centrales. La escueta única atajada del primer tiempo la provocó él con un zurdazo anunciado pero interesante. Y el para nada escueto grito de gol del segundo tiempo lo generó con un grandísimo cabezazo tras centro de Ojeda post saque de lateral.
Otro moreno que emocionó a los locales fue el extremo colombiano Oscar Cortés, una especie de Sebastián Villa pero de camiseta rojiblanca. El pibe de 22 años fue una pesadilla para el lateral derecho del Ciclón, Fabricio López, de tarde noche muy complicada. De todos modos, aunque ganó casi siempre que se propuso sacarlo a bailar, la mayoría de las veces fue muy lejos del área. Las otras, se pasó de rosca y terminó enredado.
En un partido donde la prioridad de la amplia mayoría fue defender, San Lorenzo no tuvo patriotas en ataque como los del Globo. Cuello tuvo una de atropellada que pudo ser el empate, pero se la pasó luchando más con el árbitro que contra los centrales. A veces con razón. Sus colegas de ataque, Cerutti y Gulli, no pesaron. El primero porque fue bien marcado -con patadas cuando hizo falta- y el segundo porque jugó muy mal (salió en el entretiempo). Después, en San Lorenzo no atacó nadie.
Huracán pudo estirar su alegría en un mano a mano de Bisanz que, luego de ganarle a Herrera, definió muy mal. Entonces, el Globo tuvo que dedicarse a sufrir, como bien sabe hacer. Y tras esos minutos finales interminables, un estadio repleto pudo sacarse la bronca y festejar ante su clásico rival. Algo que, muy pero muy de a poco, parece ir agarrándole la mano.
Fuente: Página 12

