El valor de nunca dejar de intentar

Desde el pasado martes 13, Argentina vive una montaña rusa de sensaciones. Como dice la canción La Argentinidad al Palo de la Bersuit Vergarabat, pasamos “del éxtasis a la agonía, con la misma facilidad”. Con la Scaloneta en la final del Mundial Qatar 2022, la llama de la ilusión es una antorcha que atraviesa al pueblo argentino en todas sus facetas.

Difícilmente, se encuentre un nivel de comunión tal como el que logró el equipo de Lionel Scaloni con el ciudadano de a pie. El “joven inexperto” Scaloni y el “vulgar” Messi son las banderas de una ilusión de un país golpeado por distintos factores y que encuentra en la pelota un instante de alegría frente a una realidad que le patea en contra.

Aunque estamos a 24 horas del partido contra Francia, este equipo albiceleste, creo, ya ganó más allá de lo que pueda suceder mañana  luego de las 2 de la tarde. Además de la ilusión, el plantel le devolvió a la gente el sentido de pertenencia. Primero lo captaron los jugadores y desde la Copa América de 2021, la gente se subió a la Scaloneta, no solo por las alegrías deportivas, sino por la química de grupo. El lema de cabecera de este plantel refuerza esta idea: Todos Juntos.

Estamos a 90 minutos de poder cortar una racha que lleva 36 años, lapso en el cual también hubo dos intentos y en ambos la gloria fue esquiva. Se podría decir que la tercera tendría que ser la vencida, más para un plantel que le devolvió la gloria a nuestro país. Sin embargo, el fútbol es el deporte donde la lógica menos aplica, por lo que mañana puede pasar cualquier cosa.

Igualmente, insisto, más allá de lo que pase este domingo, este grupo de jugadores consiguió algo más valioso que un título del mundo: el cariño de la gente. Se lo ganaron con trabajo, con humildad y demostrando que son terrenales como cualquier persona. La Vieja Guardia de este plantel dejó un mensaje más que válido: a pesar de todo, nunca hay que dejar de intentar.

En un país loco por el fútbol, “ganar la tercera” es una cuestión de Estado. Sin embargo, si el deporte marca lo contrario, la tristeza será a medias porque la gente común respeta y valora lo hecho por estos jugadores y hasta llego a pensar que sienten orgullo. La fiebre mundialista no es un árbol tan grande como para tapar el bosque que construyó este equipo a base de valores claros y concretos.

La gloria podrá ser eterna o también esquiva, pero el sentimiento genuino de la gente será para siempre. Este equipo está tatuado en el hincha y principalmente, en una generación que sueña con ver a Argentina y de forma puntual, a Messi en el Olimpo del deporte. Fuera de lo que pase mañana, a este equipo hay que agradecerle por lo que hizo con nuestras vidas.

Por: MAXI BIBBO

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